Más allá de la Sección Oficial (cuyo
balance final siempre es incierto al comienzo del Festival) y las
apuestas más arriesgadas de los Nuevos Directores (que analizaremos
en el próximo post), la sección Perlas del Festival de Donostia
permite disfrutar de filmes premiados recientemente en certámenes de
renombre e inéditos todavía en España, garantizando un espacio de
“calidad acreditada” para el siempre entusiasta público
donostiarra y los extenuados cronistas que busquen recompensa a
maratonianas jornadas de cine no siempre del todo satisfactorio
(aunque poca queja cabe en esta loable edición del Festival). Aunque
no se trate propiamente de “descubrimientos” del certamen (pues
los filmes ya vengan avalados por su acogida previa), la selección
de las “perlas”, que son sometidas a votación de los
espectadores de cara a la concesión del Premio del Público, es
siempre meritoria por su sabia combinación de calidad y cercanía
con el gran público. El año pasado pudimos disfrutar de maravillas
como “Nader y Simin, una separación”,“Le Havre”, “Shame”,
“Martha Marcy May Marlene” o “Tyranossaur”, así como
adelantarnos a los Oscars con la premiere española de “The
Artist”, a la postre ganadora del Premio del Público.
Pues bien, la cosecha de “perlas”
de este año prometía emociones fuertes y saciar las expectativas de
gran parte de la cinefilia local, no tan afortunada como para asistir
a Cannes, Berlín o Venecia. La sensación final, como de costumbre,
es la de haber descubierto algunas de las obras que marcarán la
próxima temporada cinematográfica, si bien no parece que la
triunfadora de los Oscar haya estado presente esta vez en Donostia
(más que nada porque el estreno mundial de las grandes apuestas no
se producirá hasta diciembre).
Con o sin la acaparadora de premios
oficial, nadie podrá negar que ha sido un auténtico lujo saborear
tan pronto las 5 joyas que este humilde bloguero recordará como
“perlas 2012” (me han quedado algunas pendientes, a recuperar
durante el curso que viene).
Inauguró la Sección la Palma de
Oro de este año, AMOUR, considerada casi instantáneamente una de
las mejores obras de Haneke e interpretada como un primer
acercamiento del director a registros más sentimentales e incluso
tiernos. La historia de la progresiva degradación física y la
pérdida de facultades de una pareja de ancianos burgueses de París,
aficionados al arte en general y a la música en particular (con la
que han estado vinculados profesionalmente), constituye desde luego
un ejercicio de hondura emocional, contención y valentía que podría
encuadrarse dentro de la venerable tradición del humanismo
cinematográfico, pero el realizador de “La pianista” o “Caché”
tampoco cede a la tentación de mostrar el proceso en toda su
crudeza, aislamiento e irreversibilidad. Desde el impactante arranque
(quizás lo más estremecedor de la función), Haneke deja claro que
su nueva película no es un giro radical en su filmografía, sino
simplemente el estudio de otro de los terroríficos fantasmas que
asolan nuestra vida: si en “Funny games”se trataba de la
capacidad hipnótica de la violencia sobre el hombre contemporáneo,
en “Caché” el peso de la culpa y en “La cinta blanca”, el
germen de los fanatismos, aquí el objeto de análisis es el poder
invencible de la vejez y la enfermedad. Vamos, que quien busque una
feel-good movie, que se vaya olvidando. Su propuesta, exigente,
pausada, perturbadora (cómo no) hasta rozar el terror en algunos
momentos, gana peso gracias a las extraordinarias interpretaciones de
sus 2 protagonistas, los veteranos Jean-Louis Trintignant y
Emmanuelle Riva (ojo, la nominación al Oscar, sobre todo a ella, es
más que probable) y a una elegancia y sofisticación formal que
consolida el camino emprendido por el director en “La cinta blanca”
hacia un impresionante clasicismo.
El (casi) escenario único no nos
hace pensar en una excesiva teatralidad, sino en la fuerza con que
Haneke logra transmitirte la asfixia y soledad de 2 personas que
deben enfrentarse a lo único que su amor no puede vencer. La que
muchos ven como favorita a ganar el Oscar a la película de habla
no-inglesa (yo creo que “Blancanieves” de Berger se lo va a poner
un poco difícil) es, sobre todo, una película honesta y auténtica
que no te da nada mascado y ante la que se impone la reflexión
(atención con algunos enigmáticos símbolos que jalonan la
historia) y el escalofrío.
Valoración: A

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