miércoles, 3 de octubre de 2012

Perlas del Zinemaldi (I): AMOUR de Haneke

         Más allá de la Sección Oficial (cuyo balance final siempre es incierto al comienzo del Festival) y las apuestas más arriesgadas de los Nuevos Directores (que analizaremos en el próximo post), la sección Perlas del Festival de Donostia permite disfrutar de filmes premiados recientemente en certámenes de renombre e inéditos todavía en España, garantizando un espacio de “calidad acreditada” para el siempre entusiasta público donostiarra y los extenuados cronistas que busquen recompensa a maratonianas jornadas de cine no siempre del todo satisfactorio (aunque poca queja cabe en esta loable edición del Festival). Aunque no se trate propiamente de “descubrimientos” del certamen (pues los filmes ya vengan avalados por su acogida previa), la selección de las “perlas”, que son sometidas a votación de los espectadores de cara a la concesión del Premio del Público, es siempre meritoria por su sabia combinación de calidad y cercanía con el gran público. El año pasado pudimos disfrutar de maravillas como “Nader y Simin, una separación”,“Le Havre”, “Shame”, “Martha Marcy May Marlene” o “Tyranossaur”, así como adelantarnos a los Oscars con la premiere española de “The Artist”, a la postre ganadora del Premio del Público.
       Pues bien, la cosecha de “perlas” de este año prometía emociones fuertes y saciar las expectativas de gran parte de la cinefilia local, no tan afortunada como para asistir a Cannes, Berlín o Venecia. La sensación final, como de costumbre, es la de haber descubierto algunas de las obras que marcarán la próxima temporada cinematográfica, si bien no parece que la triunfadora de los Oscar haya estado presente esta vez en Donostia (más que nada porque el estreno mundial de las grandes apuestas no se producirá hasta diciembre).
      Con o sin la acaparadora de premios oficial, nadie podrá negar que ha sido un auténtico lujo saborear tan pronto las 5 joyas que este humilde bloguero recordará como “perlas 2012” (me han quedado algunas pendientes, a recuperar durante el curso que viene).
  

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        Inauguró la Sección la Palma de Oro de este año, AMOUR, considerada casi instantáneamente una de las mejores obras de Haneke e interpretada como un primer acercamiento del director a registros más sentimentales e incluso tiernos. La historia de la progresiva degradación física y la pérdida de facultades de una pareja de ancianos burgueses de París, aficionados al arte en general y a la música en particular (con la que han estado vinculados profesionalmente), constituye desde luego un ejercicio de hondura emocional, contención y valentía que podría encuadrarse dentro de la venerable tradición del humanismo cinematográfico, pero el realizador de “La pianista” o “Caché” tampoco cede a la tentación de mostrar el proceso en toda su crudeza, aislamiento e irreversibilidad. Desde el impactante arranque (quizás lo más estremecedor de la función), Haneke deja claro que su nueva película no es un giro radical en su filmografía, sino simplemente el estudio de otro de los terroríficos fantasmas que asolan nuestra vida: si en “Funny games”se trataba de la capacidad hipnótica de la violencia sobre el hombre contemporáneo, en “Caché” el peso de la culpa y en “La cinta blanca”, el germen de los fanatismos, aquí el objeto de análisis es el poder invencible de la vejez y la enfermedad. Vamos, que quien busque una feel-good movie, que se vaya olvidando. Su propuesta, exigente, pausada, perturbadora (cómo no) hasta rozar el terror en algunos momentos, gana peso gracias a las extraordinarias interpretaciones de sus 2 protagonistas, los veteranos Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva (ojo, la nominación al Oscar, sobre todo a ella, es más que probable) y a una elegancia y sofisticación formal que consolida el camino emprendido por el director en “La cinta blanca” hacia un impresionante clasicismo.
    El (casi) escenario único no nos hace pensar en una excesiva teatralidad, sino en la fuerza con que Haneke logra transmitirte la asfixia y soledad de 2 personas que deben enfrentarse a lo único que su amor no puede vencer. La que muchos ven como favorita a ganar el Oscar a la película de habla no-inglesa (yo creo que “Blancanieves” de Berger se lo va a poner un poco difícil) es, sobre todo, una película honesta y auténtica que no te da nada mascado y ante la que se impone la reflexión (atención con algunos enigmáticos símbolos que jalonan la historia) y el escalofrío.

Valoración: A

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